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Tu marca personal vale más que tu cargo

Pedro Mejía cuenta cómo perdió su nombre en Alcagüete y por qué el cargo es un validador, no tu identidad. ¿Quién eres cuando dejas de ser el director?

¿Por qué mi marca personal es más importante que mi cargo?

Tu marca personal vale más que tu cargo porque el cargo es prestado y la marca es tuya. Un viernes eres el director de una gran empresa y el lunes puedes no serlo. Lo único que se mantiene en el tiempo, sin importar el cargo, el rol o la empresa, es tu marca personal.

Yo no lo aprendí leyendo. Lo aprendí el día que me di cuenta de que casi nadie sabía mi nombre.

“¡Llegó Alcagüete!”

En 2013 solté un trabajo corporativo en Coca-Cola FEMSA para fundar mi primera empresa con amigos del colegio. Se llamó Alcagüete. Hacíamos alimentos saludables y teníamos un sueño grande: cambiar el mundo a través del compartir. Queríamos una empresa que no fuera la mejor del mundo, sino la mejor para el mundo.

Teníamos pocas cosas claras y muchas ganas. A los dos años nos dieron el premio al mejor emprendimiento de Colombia. En 2016 nos reconocieron como Best for the World Company.

En esa época uno hacía todo. Yo facturaba, distribuía, grababa el video. Uno de nuestros canales eran las salas de Cine Colombia, y yo iba punto por punto. Cuando llegaba, me recibían así:

“¡Llegó Alcagüete! ¿Qué más, Alcagüete?”

Un gran amigo de hoy me conoció por esos días. Me vio y me gritó: “¡Ey, Alcagüete!”. Me dijo así los primeros tres meses de relación. No sabía mi nombre.

Nadie sabía que yo me llamaba Pedro Mejía. Borrado el Pedro.

El día que la empresa dejó de ser mía

A los cuatro años, la sociedad se rompió. Lo escribí en una columna que fue, en realidad, una carta a mis dos socios: se nos olvidó compartir entre nosotros. Se me olvidó a mí compartir mis frustraciones y mis miedos. Cuando ya no aguanté más, mi compartir fue un desahogo, y con él se nos fue la sociedad. No hubo mala fe de nadie. Hubo diferencias que no supimos conversar a tiempo.

Salí yo. La empresa siguió, y me alegra cada cosa que logra, porque entre más grande sea Alcagüete, más grande es su impacto. Yo fui parte de la siembra de ese árbol.

Pero al salir descubrí el problema. Durante cuatro años mi identidad había estado atada a una empresa que sí era mía, pero que dejó de serlo. En ese ecosistema yo era “Alcagüete”. Sin Alcagüete, ¿quién era?

Había construido una marca poderosa para un proyecto y no había construido la propia.

Y aquí hay una parte que me costó años ver. En esa época yo me comparaba todo el tiempo. Con el que había entrado a una consultora y ya ganaba tanto, con el que ya era jefe de algo. Me subestimaba. Era un problema de autopercepción, que es donde empieza cualquier marca personal: en la historia que uno se cuenta a sí mismo.

Desde entonces lo veo en todas partes. Empieza en el saludo.

“Hola, mucho gusto, Pedro Mejía, director de Visible.”

“Hola, mucho gusto, Laura Pérez, administradora de empresas.”

Como si el cargo o el diploma determinaran el valor que ponemos a disposición de los demás.

El diploma por lo menos se queda contigo. Es un validador de confianza. Pero los cargos no. Estás en una gran empresa y dices “soy el director de tal”. El viernes lo eres. El lunes, quién sabe.

Entonces la pregunta es: ¿quién eres cuando dejas de ser el director?

Ahí es donde la marca personal toma toda su relevancia. Porque trabajar la marca personal es reconocer tu historia y tu valor más allá de los cargos, los puestos y las empresas que representas.

Yo mismo me hago la pregunta con mi empresa actual: ¿y qué pasa si Visible se acaba mañana? Yo sigo siendo Pedro, a pesar de Alcagüete, de las startups por las que pasé y de Visible. Igual que tú sigues siendo tú a pesar de cualquier logo.

El cargo no sobra: valida

No estoy diciendo que el cargo no sirva. Sirve, y mucho. Pero hay que ponerlo en su lugar.

El cargo es un validador. Si te digo que soy muy bueno en temas tributarios y soy independiente, me crees un poco. Si te digo que soy el director financiero de una firma que conoces, me crees más. En casi todos los casos, la empresa es la plataforma donde demostramos y robustecemos el valor que decimos tener.

Por eso en el titular de LinkedIn recomiendo poner el cargo al final, después de la propuesta de valor. Primero cómo ayudas. Después, qué lo valida.

Y por eso yo no me presento como fundador de Visible. Si te digo eso, me vas a preguntar qué es Visible y qué significa ser fundador. Estoy hablando desde mi ombligo. En cambio, si te digo que transformo la reputación digital de líderes y equipos a través de su marca personal, ya entendiste cómo te puedo servir. Y si te interesa, me preguntas cómo. “Ah, es que tengo una empresa que se llama Visible.”

Cuando me presento con el cargo, me pongo al servicio de mi ego. Cuando digo cómo puedo ayudar, me pongo a tu servicio.

Lo que les pasa a los ejecutivos

Esto es más fuerte entre más arriba estés. He trabajado uno a uno con consultores senior, gerentes generales y presidentes de bancos. Personas con carreras brillantes, construidas dentro de organizaciones, cuya identidad está completamente pegada a un logo.

Con Andrés Gómez, gerente general de Hasbro México, el trabajo empezó por ahí. Él entendió que su marca era mucho más importante que su cargo. Que Hasbro es un validador de lo que hace, y que quería poder hacer lo mismo así Hasbro no existiera. Lo cuento en marca personal para ejecutivos: separar identidad y cargo.

Te doy otro ejemplo que conté en un podcast de ventas. Cuando un gerente general muy visible salió de una empresa colombiana muy querida, tenía cerca de 150.000 seguidores en LinkedIn. Esos seguidores se fueron con él. No eran de la empresa. Imagina la conversación de esa junta directiva. E imagina cómo negoció él su siguiente oportunidad.

Eso es lo que quiere decir “intransferible”.

El interruptor

Hay una versión triste de esta historia, y también la he vivido de cerca.

En junio de 2025 un ejecutivo que trabajaba en una gran empresa de tecnología me pidió una reunión para conocer Visible. Le presenté, le mandé la información y desapareció. Un correo, dos, tres. Un par de mensajes. Nada.

En diciembre me empezó a marcar al celular con insistencia. Contesté. “Che, Pedro, me echaron la semana pasada. Te necesito.”

Mucha gente trata su marca personal como un interruptor. La prende cuando necesita trabajo y la apaga cuando lo consigue. Pero si la marca personal somos nosotros mismos y es nuestra historia, no se prende ni se apaga. Va de principio a fin. Lo que cambia es qué tan intencional eres.

Una creadora lo dijo de una manera que me gustó: tu marca personal es tu mejor seguro laboral.

Qué hago distinto hoy

Tres cosas, por si te sirven.

Me presento por la misión, no por el cargo. Ya lo expliqué arriba. Ensáyalo: primero qué haces posible para otros, después cómo lo haces.

Me comparo solo con el Pedro de ayer. Me basta con ser 1% mejor que él. La comparación con los demás fue lo que me tuvo años sin reconocer mi propia historia.

Agradezco lo que pasó. No me arrepiento de haber salido de Alcagüete. Si no hubiera salido, más todas las decisiones que vinieron después, no tendría Visible, no tendría el propósito que tengo hoy y probablemente no tendría la familia que tengo. Gracias a Alcagüete por todo lo que me dio. Incluida esta lección.

Si estás leyendo esto desde un cargo que te gusta, en una empresa que quieres, mejor todavía. Es el mejor momento para empezar: cuando no lo necesitas.

Sigue con qué es la marca personal, o mira la entrevista donde conté esta historia completa. Y si quieres que tu equipo directivo se haga esta pregunta, invítame a dar una charla.

Pedro Mejía

Sobre el autor

es el fundador de Visible, conferencista y Top Voice de LinkedIn. Ha asesorado a más de 800 líderes de Colombia y Latinoamérica en su marca personal.

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  • historia de Pedro

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